Cisterna de la Calderona en Obulco
Cisterna de la Calderona en Obulco, actual Porcuna, Jaén.
La ciudad, de origen ibérico, fue utilizada por Julio César como base de operaciones para la batalla de Munda, recibiendo el título de municipio: Municipium Pontificensis Obulconensis. Gracias a la protección de César y luego de Augusto llegó a tener un gran desarrollo, transformándose en la ciudad amurallada más grande de Hispania. Tanto la Cisterna como el Anfiteatro fueron construidos en este periodo, durante el siglo I a.C.
Su nombre proviene del barrio de la Calderona, lugar donde se asienta, aproximadamente a unos nueve metros bajo el nivel actual de las casas. Fue descubierta de forma casual por un niño en el siglo XX y usada como refugio antiaéreo durante la Guerra Civil.
Antes de describir el yacimiento, y como nunca habíamos tratado el tema de las cisternas, vamos a hacer una breve descripción sobre su origen, funcionalidad y desarrollo durante el periodo romano.
La etimología de cisterna es cista: “caja rectangular cerrada donde se recoge agua destinada al abastecimiento humano”.
Las cisternas para agua (Castellum aquae) son, por lo general, el depósito terminal de un abastecimiento. Al contrario de los acueductos, están enterradas total o parcialmente, y su estructura sólo es visible desde el interior.
La evolución de las cisternas comienza con acumulaciones simples de agua aprovechando hondonadas naturales que, para conseguir una mayor capacidad, se agrandan mediante obras de fábrica regularizando el contorno. El resultado era una piscina. Estas piscinas tenían como función, entre otros usos, la actividad que les da nombre: la cría de peces. Cuando la piscina se cubre pasa a ser una cisterna. La estanqueidad de estos depósitos se conseguía empleando en su construcción el llamado hormigón romano (opus caementicius).
En la cisterna de las viviendas particulares se recogía el agua que escurría por el tejado. Son el impluvium y el compluvium de la casa romana clásica.
En todos los abastecimientos de cierta importancia había un depósito terminal para regular el flujo de las conducciones que normalmente era discontinuo, pudiendo incluso desaparecer temporalmente. En los casos de mayor importancia existían varios depósitos que con el tiempo llegaron a tener objetivos diferenciados, tales como uso general en fuentes públicas, uso público en edificios oficiales, termas, etc. y usos particulares a través de concesiones especiales.
Fontino en su obra De Aquaeductus Urbis Romae, señala que en Roma se llegaron a catalogar bajo el epígrafe de cisternas 247 obras, si bien es verdad que se incluían bajo este concepto arquetas y registros de agua, fuentes ornamentales y ninfeos.
Vitrubio en De Architectura Urbis Romae, cap. VIII establece que el castellum at recipiendam aquas debe tener triplex inmisarium, es decir, tres conductos de entrada, con un depósito receptor dividido en tres compartimentos para separar las tres categorías de uso antes señaladas. Los estudios arqueológicos desmienten parcialmente a Vitrubio pues parece que los romanos adoptaron una solución más práctica: un depósito único al principio y un reparto del agua a la salida del depósito anterior a través de tres conductos diferentes.
La entrada del agua en la cisterna (inmisarium) y la salida de la misma (emissarium) se situaban lo más alejadas posible entre sí para que el agua realizase un trayecto lo suficientemente largo como para que pudieran decantarse las partículas en suspensión que pudiera transportar.
Las entradas necesarias para el acceso a las cámaras y su mantenimiento, se situaban por encima del nivel máximo del agua y se complementaban con otros accesos en las líneas de clave de las bóvedas.
Para evitar que la entrada del agua pudiera remover los limos y arcillas depositados en el fondo de la cisterna, se disponía de una rampa escalonada por la que se hacía circular el agua para que perdiera la mayor parte de su energía y, por tanto, de su velocidad. El depósito tenía siempre un desagüe de fondo y un aliviadero que vertía directamente el agua sobrante a la red de cloacas.
De las dos posibles formas, circular y rectangular, que tradicionalmente se utilizaban como depósitos de agua, terminó por imponerse la segunda dado que es mucho más útil para adosar diferentes depósitos y también para cubrirlos. La mayor eficacia se consigue al convertir los tabiques en arquerías de medio punto enjutadas sobre pilares o columnas, facilitando así una estructura de varios compartimentos. La máxima perfección constructiva se alcanzó en el Imperio de Oriente, cuando en Constantinopla se llegaron a construir cisternas de dos pisos, reutilizando columnas de templos y palacios para apoyar los arcos que formaban una retícula en dos direcciones.
La cisterna de la Calderona se sitúa enterrada muy próxima a un antiguo barrio romano de artesanos. Tras la restauración las dos zonas del yacimiento se han unido mediante un pasadizo subterráneo, formando un conjunto arqueológico visitable que une el área de la cisterna con los restos de las viviendas, que fueron utilizadas hasta el siglo VII. Este depósito servía para el abastecimiento público de agua, se ha especulado sobre su posible vinculación a unas termas, lo que no se puede determinar con certeza.
Es de planta rectangular, y fue edificada con piedra de la zona, a base de grandes losas, que configuran los poderosos pilares. Al no ser una obra construida para ser visitada, ni está decorada ni la piedra se encuentra especialmente trabajada, pero impresiona por su monumentalidad debido al tamaño de sus pilares y a que continua ejerciendo su función, manteniendo un flujo constante de agua, que recibe desde la capa freática.
Seguramente no fue la única cisterna existente en la ciudad romana, debido al gran tamaño de la urbe y a que no se encuentra en la parte más alta. La zona más elevada debería estar surtida de agua por otros depósitos.
Junto a la cisterna se ha encontrado un barrio con casas de artesanos, con columnas, hornos, mesas pétreas de trabajo y restos de calles, que complementan el yacimiento haciendo de él una visita muy recomendable. Para acceder hay que llamar o acudir a la oficina de turismo, que se encuentra frente a la iglesia, ya que para ver los restos romanos tanto de la Calderona como del anfiteatro, el acceso es guiado.
Para salvar la diferencia de altura con las casas del barrio se ha construido un nuevo edificio sobre el yacimiento, descendiendo por medio de unas cómodas rampas que rodean las ruinas de las casas de los artesanos y llegando desde allí a la cisterna. La obra está muy bien realizada, facilitando la visión desde arriba con luz natural y con una iluminación excelente de la parte interna, de la cisterna. El proyecto de recuperación data del año 2017, siendo inaugurado en 2024.